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GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ (Aracataca, 1928/ México DF, 2014) |
jueves, 17 de abril de 2014
El Avispero
Algo va a suceder en este pueblo (Gabriel García Márquez, texto oral, sin fecha)
Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que
tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y
tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella
les responde: "No sé, pero he amanecido con el presentimiento de
que algo muy grave va a sucederle a este pueblo"
Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son
presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y
en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le
dice: "Te apuesto un peso a que no la haces"
Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la
hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola
sencilla. Contesta: "Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de
una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a
este pueblo" Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso
regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier
pariente. Feliz con su peso, dice: "Le gané este peso a Dámaso en la forma más
sencilla porque es un tonto"
"¿Y por qué es un tonto?" "Hombre, porque no pudo hacer una carambola
sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de
que algo muy grave va a suceder en este pueblo". Entonces le dice su madre: "No te burles de los presentimientos de los viejos
porque a veces salen"
La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le
dice al carnicero: "Véndame una libra de carne -y en el momento que se
la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo
grave va a pasar y lo mejor es estar preparado". El carnicero despacha su carne y cuando llega otra
señora a comprar una libra de carne, le dice: "Lleve dos porque hasta aquí llega la gente
diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando
cosas" Entonces la vieja responde: "Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro
libras".
Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo
el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca,
se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el
mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades
y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice: "¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?"
"¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!"
(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían
instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si
tocaban al sol se les caían a pedazos.)
"Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho
tanto calor"
"Pero a las dos de la tarde es cuando hay más
calor"
"Sí, pero no tanto calor como ahora"
Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de
pronto un pajarito y se corre la voz: "Hay un pajarito en la plaza". Y viene todo el mundo, espantado, a ver el
pajarito.
"Pero señores, siempre ha habido pajaritos que
bajan"
"Sí, pero nunca a esta hora"
Llega un momento de tal tensión para los habitantes
del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de
hacerlo.
"Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy"
Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los
mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo
viéndolo. Hasta el momento en que dicen: "Si éste se atreve, pues nosotros también nos
vamos"
Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se
llevan las cosas, los animales, todo. Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice: "Que no venga la desgracia a caer sobre lo que
queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus
casas"
Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un
éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio,
clamando:
"Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me
dijeron que estaba loca"
domingo, 6 de abril de 2014
El avispero
Pozo
de zorro (Mario Paulela, en Premio Nacional de
Literatura 2003, SADE Tres de Febrero)
Es el frío. Lo que mata es el frío. Y el viento, que
no para nunca y se te mete por todas partes, como si fuera un montón de ratas.
El fondo del pozo está lleno de agua. Acá la tierra tiene el agua ahí nomás, a
menos de dos metros. Debe ser así, porque estos días no estuvo lloviendo tanto
y sin embargo tengo los pies metidos en el agua helada y ya desde hoy a la
madrugada que no siento los dedos. Los tengo como entumecidos y cuando los
quiero mover, o no me doy cuenta de que los muevo o se quedan ahí quietitos,
porque yo no siento nada. Cuando me vea el médico le voy a decir que me revise
bien, porque tengo miedo de quedar rengo o algo así. No quisiera quedar rengo:
todos te cargan. Yo lo sé bien. Si lo habré cargado a Julito, el rengo del pueblo.
Lo volvíamos loco. Pata ´e trapo, le decíamos. Y el pobre te rajaba una puteada
y nada más porque ¿qué iba a hacer si no te podía correr? No, yo rengo no
quiero volver. Hasta hoy a la mañana movía cada tanto los pies, para no
entumecerme, pero ahora estoy como cansado y no tengo ganas. Y encima no puedo
dejar de bostezar. Entre los bostezos y los escalofríos debo parecer un
espástico. Qué cagada. Si saliera un poquito el sol, pero acá está siempre
nublado y este viento de mierda que no para nunca. Yo no sé cómo vive la gente
de por acá. Deben estar acostumbrados, pero lo que es yo, allá en mi pueblo
nunca he pasado este frío. Ni en mis sueños me imaginé un frío igual. Es como
cuando me imaginaba el mar, que para mí siempre era como lo había visto en una
postal, así, azul y quieto. Y cuando vine acá me encontré con que es verde y
está siempre tan embravecido que te congela de miedo. Y ves los barcos, que se
sacuden como si fueran juguetes y suben y bajan, y vos pensás pobres los tipos
que van ahí arriba, cuando parece que se van a hundir de tanto que se zarandean
y el agua les pasa por encima como si se los fuese a tragar. Por eso yo estoy
contento de estar en tierra. Y pensar que, pobre vieja, el otro día me escribió
que cuando todo esto termine vamos a ir todos de vacaciones a Mar del Plata. Yo
no le puse nada de eso en la carta porque la pobre se pone muy mal, pero al mar
me parece que no vuelvo ni loco.
Cómo me duelen las piernas. Estoy parado hace tanto
que las siento como si fueran de otro. Lo único bueno es que ya amaneció,
aunque en el fondo da lo mismo porque es un día oscuro. Estoy apretujado contra
un lado del pozo y ya no sé para donde mirar, porque no quiero mirarlo a
Hernán. Está ahí, contra el otro costado, como acuclillado y quedó con la vista
clavada en mí. Ya debe hacer más de doce horas que murió pero yo no lo toqué ni
una vez. Lo dejé así nomás, donde quedó. Estábamos silbando esa de Natalio
Ruiz, el hombrecito del sombrero gris y de pronto se sacudió y se llevó las
manos al cuello, y se fue sentando despacio y quedó así, a medio camino,
apoyado contra la pared del pozo, mirándome pero sin hablar. Y yo le dije
Hernán, no te mueras, Hernán. Pero él me miró como si no entendiera lo que le
estaba pasando y se quedó quieto, con la sangre que le salía y le salía del
cuello. Y yo le grité fue una bala perdida, Hernán. No nos están atacando. Pero
era algo de lo que me quería convencer a mí mismo, más que al pobre que ya
estaba muerto y me miraba fijo. Y yo estuve llorando y así estuve toda la noche,
porque Hernán no se tenía que morir, porque era de Tres Arroyos y tenía una
novia y ayer le había escrito la mamá diciéndole que lo extrañaba mucho y él se
pensaba comprar una moto para recorrer todo el país. Vamos a recorrerlo juntos,
negrito, me decía. Vos y yo en la moto ¿eh?
Mejor que amaneció. Durante toda la noche tuve miedo
de estar en el pozo con Hernán.
Hasta anoche Hernán estaba igualito que siempre,
pero ahora a la mañana la cara le cambió y parece otra persona. Por eso no lo
quiero mirar. Porque le cambió la cara. Y los ojos ya no me miran fijo. No
miran nada, son como los de un pescado. Y está muy blanco. Ya no es Hernán. Es
otro. Y me da miedo.
Nadie viene. Nos dijeron que nos iban a relevar a
las cinco de la mañana pero algo debe haber pasado, porque no viene nadie y
salvo por el viento, no se oye nada, como si estuviésemos en otro planeta ¿Y si
se rindieron y me dejaron olvidado? Me quisiera ir de acá. Pero no puedo. Y
encima no siento los pies. Ojalá me releven pronto para ver al médico, porque
no quiero tener problemas. Uy, los morteros. Esos sí que suenan cerca.
Empezaron de nuevo. Ayer se escuchaban lejos y ahora están acá nomás. A cada
sacudida, el agua del fondo del pozo hace onditas. Están cerca. Y no viene
nadie. Díos mío, qué miedo tengo. Oigo el repicar de las ametralladoras. Es
increíble, pero todavía les tengo miedo a las armas, después de casi tres
meses. Es que nunca había visto una siquiera de cerca. Desde anoche me pregunto
si a Hernán no lo mataron los gringos, si no habrá sido una bala nuestra que
algún boludo disparó sin querer. No me deja de dar vueltas en la cabeza. Aunque
saber si fue una bala argentina o inglesa no va a cambiar que Hernán está ahí
muerto, convirtiéndose en otra cosa. Pero no puedo dejar de pensarlo. La verdad
es que apenas si levanto la cabeza por el borde del pozo. Yo siempre pensé que
la muerte era para los viejos y ahora la tengo tan cerca que me da vueltas
alrededor como si estuviera bailando. Y además siempre pensé que uno tendría
tiempo para prepararse, no sé, como hacerse a la idea o verla venir. Pero
Hernán no la vio venir. Capaz ni sabe que está muerto, porque pasó tan rápido
que no se dio cuenta. Pensar que hablábamos tanto de eso. Cuando estás acá no
se puede hablar de otra cosa. En la ranchada, cuando nos pasábamos un
cigarrillo después de comer, siempre salía el tema. Y uno siempre piensa que es
inmortal. Que la muerte es para los otros. O pensábamos que no iba a pasar
nada. Eso. Cuando recién llegamos, nos dijeron ustedes tranquilos que no va a
pasar nada. Los ingleses no van a venir. Si Galtieri ya arregló todo con los
yanquis. Vas a ver que nos cagamos de frío unos días y nos volvemos. Y yo pensé
vuelvo al pueblo y con el uniforme nomás me gano a todas las minas. Y encima
veterano de guerra. Tomá, se me iban a tirar todas encima. Che, cómo me duelen
las piernas ¿Y si quedo rengo? No me aguanto el frío. Hace un rato le saqué los
guantes a Hernán. Tenía las manos duras como si fueran de hielo y casi no se
los pude sacar. Me dio una impresión tocarlo. Parece una estatua de mármol. La
carne está rígida y adentro parece rellena de arena húmeda. Yo nunca había
tocado un muerto. Es asqueroso, pero los guantes me vienen bien, porque tengo
las manos heladas y parece que tuviera el FAL pegado. Me acuerdo qué calor
hacía en el pueblo cuando nos trajeron para acá. Estaban todos en la vereda del
cuartel agitando banderas y por más que era abril todavía hacía calor, pero
Corrientes es siempre así. Y gritaban los vamos a reventar y viva la patria
carajo y el abuelo me abrazó y me dijo estoy orgulloso de usted, tráigame al
volver las orejas de un inglés. Qué cosa este abuelo, tan patriota, al verme
con el uniforme y saber que me traían para acá se puso tan contento. Mamá
lloraba, pero el pueblo y todos los muchachos del pueblo estaban a los gritos.
Viva la patria, gritaban.
Acá es tan diferente. O es que tengo tanto miedo.
Siempre había pensado que en la guerra todos los hombres son valientes, pero lo
veo a Hernán ahí, medio acuclillado en la otra punta del pozo y tengo tanto
miedo. Tengo miedo de ser como él, de no volver más a casa, de que la cara se
me ponga distinta y las manos como hielo. Tengo tanto miedo de estar muerto. Y
nadie viene. Si nos tenían que relevar a las cinco y ya debe ser mucho más de
esa hora. Ayer nos decían que la orden era replegarse hacia Puerto Argentino,
que Menéndez se va a rendir. Se terminó todo, ya. Por mí mejor. Ya no aguanto
más el frío. Y esos morteros que no dejan de caer. Cada vez que oigo uno siento
que se me corta la respiración. Y encima no siento los pies. Ojalá que el
doctor me vea pronto. Porque no quiero quedar mal con las piernas. Quiero
seguir jugando al fútbol y andando en bici. No quiero pensar en eso ¿Cómo era
la letra? Y cuando pasó el tiempo, alguien se preguntó, adónde fue a parar
Natalio Ruiz, el hombrecito del sombrero gris…caminaba por la calle mayor…
¿Y esas voces? Será el relevo. Pero no, si vienen
del otro lado, aunque el viento éste te confunde ¿Qué dicen? No llego a
entender y no puedo gritar para darme a conocer, porque puede ser el enemigo. Y
si son los nuestros, igual, porque si me mando una cagada me encajan un
arresto…
Hablan en inglés. Son los gringos. Ahí están. Mirá
ese rubio de pecas. Debe ser más o menos como yo. No sé qué me dice, pero grita
y me señala algo. No le entiendo. Mejor tiro el FAL, a ver si piensa que lo
quiero atacar ¿Cuántos son? ¿Tres, cuatro? El rubio sigue gritando ¡No te
entiendo, hermano! ¿Qué querés que le haga? ¡Levanté las manos! ¡Me rindo! ¿No
lo ves? Tengo un compañero muerto acá en el pozo y no me puedo mover. No me
responden las piernas. No me apuntés, si no ves que estoy tratando de salir. No
me apuntés así, la puta que te parió. No me
miércoles, 15 de enero de 2014
El Avispero
Comentario XX y XVI (Juan Gelman, en Comentarios y Dibaxu)
Cuando esté muerto
oiré todavía
el temblor
de tu saya en el viento
alguien que leyó estos versos
preguntó: ¿cómo así?
¿qué oirás? ¿qué temblor?
¿qué saya?
¿qué viento?
le dije que callara
que se sentara a mi mesa
que bebiera mi vino
que escribiera estos versos.
cuando esté muerto
oiré todavía
el temblor
de tu saya en el viento.
Tomaron a un hombre y dijeron
lo echen de vos pero no muera/alzaron
el corazón de este hombre tirándolo
contra el mundo o dolor
y allí ardió por un rato
y se apagó y no resucitó como un perrito/ o sea
que no movió la cola después
de su pelea con la noche/ni levantó la cara/
ni dijo adiós/ ni fue verde
ni escribió nada en el aire
ni estalló como un árbol
ni fue convertido en ámbar/ no
ni hizo sombrita/ ni le creció yerba/
ni le usaron un hueso para tocar la flauta/ y
la única música que dio
fue su tristeza crepitando
tristeza grande como un animal/
como tu ausencia/ como cielo
dónde los pájaros pasaban
temblando bajo el sol.
sábado, 21 de diciembre de 2013
Luca
El avispero
Reflexión suelta (Roberto Pettinato, en Sumo, 2009. Fragmento)
(Cinco años después)
Volví a la casa de Ricardo y charlamos sobre la
muerte de Luca.
El pelado, en sus últimos años, vivía en Alsina, más
conocida como la Casa de Alsina o la casa en la que Luca me dijo, al firmar el
último contrato con CBS por cuatro discos (que yo sabía que jamás grabaríamos):
“En esa casa escucho cadenas que se arrastran en un sótano”.
Tiempo después nos enteramos de que ahí ocultaban
esclavos en los tiempos de quién sabe qué. Con esa sola alucinación me di
cuenta de que Luca no duraría mucho más. Entrabas a la casa y era una puerta de
madera, las casas viejas que tienen una pared alta con una gran ventana al
costado y la puerta tipo zaguán. Era la casa del Colorado Marcelo Arbiser, un
afinador de pianos que antes vivía en otra casa, en Federico Lacroze, en la que
tenías que sortear varios pianos para llegar a la cocina.
Bueno, siguiendo con la casa. Entrabas y a la
izquierda estaba la pajarera de Luca, que no era otra cosa que el colchón. Un
patio y la habitación del Colorado. Había otra gente viviendo ahí, botellas de
ginebra que Luca acumulaba debajo de una escalera, cerca de una heladera Siam.
Su cuarto consistía en una ventanita, el colchón y una mesita de luz con
pequeñas cosas tiradas por ahí.
─ Recuerdo ─me dice Ricardo─ que Luca estaba ahí
tirado con la mitad del cuerpo fuera del colchón. Con un pantalón y el resto en
cuero, una pequeña sonrisa y medio barbudo. Un brazo lo tenía en la cintura y
el otro al costado. Una pulsera en la
muñeca y alguna otra cosa colgadita. Me arrodillé en la cama. Estaba de mármol.
Yo lo había tocado caliente, pero sin embargo estaba frío. Fui el primero en
entrar al cuarto. Detrás entraron Timmy y Germán. Estaba en shock. Lo miraba y
lo tocaba. Le tocaba el cuerpo y le ponía las manos arriba del pecho para que
se caliente. Quería calentarlo porque me parecía que no tenía que estar tan
frío. Quería proteger algo imposible. Estaba tan desprotegido, tirado ahí en la
cama.
─ ¿Entonces?
─ Le digo a Ignacio, nuestro plomo: “Vamos a ponerlo
arriba del colchón”. Y lo levantamos y quedó duro. No se movía. Estaba
durísimo. Toda la espalda hundida como si la sangre se le hubiera bajado hacia
el estómago. Me quedé ahí arriba hasta que llegaron los de la funeraria. Nadie
sabía nada porque hasta la una de la mañana había estado bien. Todos estábamos
llorando desconsoladamente.
─ ¿Nadie habló con “el ángel de la muerte”, la
rubiecita?
─ Le tomé odio por haber escuchado antes que Luca
dijo algo así como “Ella quiere que nos suicidemos”. Y se quedó con toda esa
parte de la historia.
─ ¿Cuándo te contó eso?
─ Una vez, camino a Mar del Plata. Viajábamos y,
mientras, yo miraba los cables que pasaban imaginándome la situación. Ahí me enteré
de la idea del suicidio y de dónde estaba más o menos viviendo Luca…
Y así fue. Todos querían ocultar algo y la prensa ya
estaba afuera de la casa.
─ Llegó la ambulancia─ continuó Ricardo─ y había
periodistas por todos lados. Yo salí y un tipo me dice: “¿Acá es donde se murió
el peladito éste, el cantante?”. Y yo le dije que no sabía nada, tratando de
ocultar algo que era inocultable porque estaba todo el mundo esperando ahí para
ver que pasaba. Estaba Nora Fish, gran amiga de Luca, muy mal, lloraba. Ella
tenía buena onda y le dije “¿Qué te pasa?”. Y me dijo: “Es mi culpa...porque él
anoche me llamó y me dijo que se sentía muy solo, y le dije que era un hijo de
puta y por toda esta cosa de mina pelotuda no vine a ayudarlo”.
(Tiempo presente)
No hace tanto
tiempo soñé con Luca: la más tremenda y agradable de las pesadillas. Luca
volvía a la Tierra, a la vida y al escenario.
No fue en el medio de la noche que me desperté. Muy
por el contrario. A la mañana corrí a la máquina de escribir y me lo conté para
no olvidarlo.
Era desesperante. Estábamos tocando una suerte de
homenaje por su muerte. Esto es algo que siempre pensamos todos al mismo tiempo
cada vez que llega diciembre. Ni siquiera necesito corroborarlo con los demás.
Todos sentimos la necesidad de unirnos, volver a la casa de alguno, planear un
show, una gira, un disco, algo, para después dejarlo en el olvido.
Pero en este sueño tocábamos, finalmente. Miro a un
costado del escenario y entre las cortinas y los parlantes está Luca, que me
llama con la mirada como si me dijera: “¿Entro ahora?”
Mi desconcierto es abismal. No entiendo qué pasa. No
entiendo porqué está ahí. Siento en todo el cuerpo una fuerte opresión, entre alegría,
angustia y no saber qué hacer. Entiendo, claramente y no en forma inconsciente
sino real, que esto no puede suceder. No es posible que aparezca sobre un escenario.
Lo increíble es que no me sorprendo ni me asusto. Es normal para mí como lo
hubiese sido para cualquier integrante del grupo. Luca volvió y ése no es el
problema, sino que experimento una suerte de apuro por desentrañar un enjambre mental de palabras y explicaciones
racionales que debo dar al público para decir: “Y ahora…amigos de siempre…Aquí
está…Es él…¡Luca Prodan!”.
Voy detrás de bambalinas y lo abrazo. Lo miro y le
digo: “Luca, esto no puede ser. No podés volver. Estás muerto y sería una
locura para todo el mundo. No puede aparecer un muerto ´viviendo´, así como
así. No podés entrar ahora”.
Luca insiste y me recuerda que estuvimos juntos en
un viaje en donde tres montañas de varios paisajes de distintos continentes nos
habían unido y que una grieta gigante las dividía al mismo tiempo que aparecían
ante nuestros ojos completamente pegadas como un collage de montañas invertidas
sin solución de continuidad. No entiendo qué me quiere decir. Insiste en subir
al escenario. En el mismo sueño me veo presentándolo, al mismo tiempo que esa
escena no está sucediendo. Otra zona de mi mente activa la necesidad de hacerlo
para el bien de todos.
Me despierto.
Nos llamamos un día con Ricardo. Uno le dice al otro
y el otro confirma lo mismo:
“¿Sabés
qué? Anoche soñé con Luca”.
viernes, 6 de diciembre de 2013
10 años de Cordura
Del 12
al 15 de Diciembre se celebra
la 10ª edición del Festival del Copete, organizada por la asociación teatral independiente La cordura del Copete (La
Matanza). Como en ediciones anteriores el evento teatral nucleará grupos de
teatro, tanto nacionales como internacionales. Las obras se presentarán en
cinco sedes de San Justo y también habrá intervenciones callejeras.
La programación
El jueves 12/12 a las 21 hs“Polenta
con pajaritos” Por El Baldío teatro. Sede: Teatro La Cordura del Copete
(Arieta 3694).
El viernes 13/12 a las 18 hs APERTURA “Grupo de ensamble musical del
transformador de Haedo”, “Murgas independientes de Matanza”, “Sikuris de San
Alberto”, “Desfile de personajes”. Sede: Plaza San Martin (Arieta
e/Yrigoyen y Villegas). A las 20 “Resolvedores
de conflictos” Por
Circo Clowndestino. Sede: Plaza San Martin (Arieta e/Yrigoyen y Villegas).
El sábado 14/12 a las 16 hs“Retazos de Amor” intervención
callejera por La Cordura del Copete. Sede: Paseo Don Juan (Arieta 3200); a las
17 “El Amor en tiempos de Amapolas” por El Baldío teatro .Sede: Centro
Cultural Vacarezza ( Illia 2470); a las 19 “De
Amor y otras tuercas” por La
Cordura del Copete. Sede: Suteba (Av. Pte. Perón 2941); a las 21 “Colapso” por Sutottos . Sede Teatro La Cordura
del Copete (Arieta 3694).
El domingo 15/12 a las 12 hs: “Retazos de Amor” intervención callejera
por La Cordura del Copete. Sede Yerua y Almafuerte; a las 17.30 “Gretel y Hansel” por
Compañía. Del Revés. Sede:
Escuela n°1 (H.Yrigoyen 2462); a las 19“¡Dejame!…que me gusta” por El baldio teatro. Sede: Suteba
(Av. Pte. Perón 2941); a las 21 “Si
es mi Hermano” por Collectif Alluvion. (Francia) Sede: Teatro la Cordura
del Copete (Arieta 3694).
Todos los espectáculos y actividades son con
entrada libre y gratuita. Tener en cuenta que las entradas se retiran una hora
antes en la sede donde se realizará la función. Por cualquier consulta, el
teatro La Cordura del Copete está ubicado en Arieta 3694, San Justo, el
teléfono es 4441-7668.
Para más info: www.lacorduradelcopete.blogspot.com
jueves, 21 de noviembre de 2013
No tan santos
Próximamente saldrá a la luz “Paganos”,
antología de santos populares editada por Alto Pogo y en el que se incluye mi
texto “Balada para el hombre quemado”, sobre Lázaro Blanco, mítica figura del
norte de Entre Ríos.
Los demás autores:
Agustín Montenegro, Cecilia Arrascaete, Martín Jali, Hernán Brignardello,
Nicolás Correa, Natalia Rodríguez Simón, Nicolás Ferraro, Esteban Castromán,
Victoria Bayona, Marcos Almada, Ana Ojeda, Esteban Leyes, Manuel Megías,
Azucena Galettini, y Patricio Eleisegui
.
Pistones de un curioso Motor
PRIMER NIVEL DEL RABBIT (Lo que sobra siempre,
2011)
supura estrellas
camina por los andenes
(puteando en voz baja)
compró un arma
y le dispara a las nubes
(agujereando tanques de agua, conejo)
hay que echarlo
pedazos de dientes delanteros toda una rabia
de rabo blanco, colita amordazada, la cinta scotch
todo el mundo plastificado
su flúor lastima
lástima
lo dejamos en un baldío
ahora es el Rabbit
ahora
maneja tanques
ahora
conduce el prime time
ahora
estalla en dientes
ahora
ya no hay zanahoria
ahora
está tocando a tu puerta
y tiene
un picahielo entre las manos
domingo, 27 de octubre de 2013
Rojo sangre
Jueves 31 de Octubre- 18 hs en Monumental Lavalle (Lavalle 780)
Entrada libre y gratuita (hasta agotar capacidad de sala)
Plaza blanda IV
Ya está a la venta Plaza blanda (El 8vo Loco-Milena Caserola). Para hacer el pedido solo tenés que escribir a la siguiente dirección: motordeavispa@gmail.com. ¡Gracias por la difusión!
La 10 títulos de la segunda tanda de la Exposición de la Actual Narrativa Rioplatense pueden descargarse gratuitamente en el siguiente link:
www.exposiciondelaactual.blogspot.com.ar
lunes, 14 de octubre de 2013
domingo, 13 de octubre de 2013
Plaza blanda
“Se supone que una plaza
blanda es un lugar flexible en donde se rebota, donde los pies pisan con
cuidado porque no hay estructura. Un espacio en el que no existe un objetivo
particular. El tríptico incluido dentro de este volumen también dialoga con esa
falta de certezas, cada texto a su manera, pero todos arrastrando a duras penas
la línea de la realidad, difuminándola como toda ficción. Los cuentos de Plaza
blanda son como un globo recién inflado que alguien arroja en una noche de
viento: una cuestión perdida para siempre”
Plaza blanda "2"
Arte de tapa: Solana Filkenstein “2” de la Serie Colección. 34 piezas de bronce + 25 piezas de cerámica. 50 x 70 cms. (aprox.). 2013.
Exposición de la Actual Narrativa Rioplatense
Se presentan las obras de la segunda
tanda de la exposición de los nuevos valores de la nueva narrativa de estos
pagos, proyecto llevado a cabo por Ana Ojeda, Marcos Almada, Nicolás Correa y
Matías Reck y editados en conjunto por Milena Caserola y El 8vo Loco, en un
ingenioso intento de cruzar el mundo de la literatura con el de las artes
plásticas.
Los autores:
#11 Hasta
las seis hay tiempo (Carolina Bugnone)
#12
Las fiestas no son para los niños (Luciana
De Luca)
#13
Nubes de polvo sopladas a
cañonazos (Patricio Eleisegui)
#14
Ball boy (Tatiana Goransky)
#15 Amalia
(Mariana Kozodij)
#16
Interior (Sebastián Russo)
#17 Horario
de oficina (Miguel Sardegna)
#18 La
novelita triste de Osvaldo Lamborghini (Ricardo Strafacce)
#19 Fondo
blanco (Miguel Vitagliano)
#20 Plaza
blanda (Federico Ybáñez Herrera)
JUEVES 18 DE OCTUBRE 20 HS en SUBURBANO MUSIC CLUB (Gallo 379,
CABA)
Para más info: www.exposiciondelaactual.blogspot.com
miércoles, 9 de octubre de 2013
El Avispero
Cuatro jugadores en el
equipo de mis sueños (Pedro Saborido, Revista Un Caño, N°51)
Así titula este escrito Ricardo Enzo Fanfarria, notable
periodista del conurbano bonaerense (más de la zona Sur), de quién se dijo “fue
el ojete que más tablones lustró en el ascenso”. El dudoso gusto de esta
mención se contrapone a la gallardía de su figura: su blonda cabellera, su
prolijo corte de pelo (años después se supo que iba a la peluquería con una
foto de David Bowie para que le copiaran el corte, cosa que dejó de hacer
cuando un día un tipo se lo quiso coger) y la elegancia con la que se colaba
saltando alambrados para concurrir a los partidos, ya que no estaba acreditado
en ningún medio y jamás publicó una nota.
“Las crónicas las publico en mi corazón”, solía decir. “Sos
un pelotudo”, le contestaban sus amigos. Sin embargo, Ricardo Enzo Fanfarria es
un tesoro oral del Ascenso y, consultado sobre cuál sería el equipo de sus
sueños, empezó con estos cuatro jugadores. Luego pidió seis meses para recordar
los restantes. Ahí van…
Sergio Marilyn Monroe Garcete
Una joven promesa que gracias a la fama que en su época le
hacía el periodismo, subía su cotización minuto a minuto. Lo compró Los Andes
al Atlético Maravilla de Adrogué en el año ´71 en 300 mil dólares, y era tal el
entusiasmo de los comentaristas que, a los ocho minutos de su debut, estaba
vendido al Nacional de Ecuador por el doble. Ya en el entretiempo estaba en
Ezeiza y el domingo siguiente, mientras salía por el túnel, fue cedido a cambio
de 500 mil dólares y seis jugadores al Galoise de Bélgica. Antes del primer
entrenamiento, el Galoise se lo vendió a un club alemán (Villa Dálmine de
Stuttgart) que, a su vez, mientras estaba en el avión, lo cedió al Washington
de Oklahoma por dos millones de dólares, ocho jugadores, tres bailarines de tap
y un mecánico dental. Garcete fue parte de dieciocho planteles en quince días.
Estuvo en Rusia y en algún club lo cambiaron por un lavarropas.
Un amigo lo encontró dos años después en la vidriera de una
casa de empeños de la calle Libertad, cuando fue a comprar un estéreo afanado.
Se llevó al jugador y un Aiwa por tres gambas. Jamás jugó un partido oficial en
Primera.
Atilio Mano Única González
Velocista número siete, quien fue incorporado a Victoriano Arenas después de ganarle en ojotas una carrera a una Gilera 125 en la Avenida Pavón. Mano Única González podía atravesar la cancha por su carril en segundos, pero su velocidad y su categórico dominio de la pelota eran descompensados por su incapacidad para doblar o darse vuelta y poder volver. Después de cada pique debía volver caminando de espaldas, a veces asistido por un compañero. Jamás jugó un segundo tiempo, incapaz de entender que después del entretiempo había que correr para el otro lado.
Ernesto El Psicópata existencialista del área
Campodonomesio
Eficaz defensor de El Porvenir que marcaba a través de la palabra. Cada vez que algún 9 guapo encaraba el área, Campodonomesio lo corría de atrás mientras le decía cosas como: “por ahí haces al gol; será un efímero festejo, diminuto frente al absurdo de la muerte, esa antesala de la nada eterna”. Los jugadores llegaban angustiados y deprimidos al área. Algunos hasta abandonaban el fútbol esa misma tarde. También fue llamado El Bilardo que leyó la solapa de un libro de Sartre. Esto se debe a que una vez deprimió a un wing derecho diciéndole: “¿sabés con quién está tu mujer ahora? Seguro con nadie porque no sos cornudo. Pero eso no evita la circunstancia de tu existencia sin sentido, marcada por el abandono de un Dios que se muestra ausente”.
Esteban Williamjolden
Todo el mundo lo creyó un número 9 increíble, ya que jugando una sola temporada para el Deportivo Jorge Luis Borges de Gerli logró llevar a su equipo a la cima del Ascenso, logrando un invicto impresionante (28 partidos ganados). Primero metió un promedio de dos goles por jornada y, luego de la mitad del torneo, hasta siete tantos por encuentro. Williamjolden era visto como un delantero de tanta bravía que los defensores se abrían y dejaban de marcarlo en sus avances. Lo mismo ocurría con los arqueros que, ante su presencia, quedaban helados. En la anteúltima fecha, un número 4 de Club Atlético Honestidad y Puntualidad de Wilde se animó a hablar y declaró que la facilidad de Williamjolden para entrar en el área se debía a que avanzaba con una pistola 38 corta, mientras por lo bajo decía: “si me quitás la pelota te perforo un riñón”. Asustados, los árbitros y los jueces de línea tampoco hablaban. Al final, le sacaron todos los puntos a su club. El hecho de que primero hiciera dos goles por partido y después siete se debió, dicen, a que se cebó. Esteban Williamjolden hoy es senador de los Estados Unidos por Iowa, donde tiene a todos amenazados de balearlos si delatan que es argentino.
Pistones de un curioso Motor
RATA-SIRENA-FÁUSTICA (O. Girondo, Nocturnos)
¿Te molesta que roa tu techo,
tu silencio?
Pero dime
–si puedes–
¿qué haces,
allí
sentado,
entre seres ficticios
que en vez de carne y hueso
tienen letras,
acentos,
consonantes,
vocales?
¿Te halaga,
te divierte
que te miren,
se acerquen,
y den vueltas y vueltas
antes de permitirles
echarse,
como un perro
en tus páginas yertas?
Podrá tu pasatiempo ser harto inofensivo;
pero alguien que posee los dientes más prolijos,
más agrios que los míos,
al elegir la víscera que ha de roerte un día
–si es que ya no se aloja en una de tus venas–,
torna estéril y absurdo
ese fútil designio de escamotear la vida.
Allí están las ventanas
que te dan un pretexto
para abrir bien los brazos.
Asómate al marítimo
bullicio de las calles.
¿No oyes una sirena que llama desde el puerto?
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